domingo, 27 de diciembre de 2009

La unión hace la fuerza

Los días 22 y 23 de diciembre fueron más que importantes para Underfaith Chile. Cumplíamos ese día con la tercera gran meta para el 2009. Y es que el tiempo de vida de Underfaith en Chile no sobrepasa los 5 meses, pero hemos trabajado con ahínco y, sin duda alguna, con más corazón y cabeza que recursos.

Como tal vez ocurre en todas las ciudades del orbe donde se celebra la navidad, las aglomeraciones de personas, los empujones, los insultos, las peleas y otro tipo de desacuerdos se desatan por intentar comprar el mejor regalo a sus seres queridos. Eso lo teníamos absolutamente claro, pero la necesidad de hacer reaccionar a las personas sobre cuál es el verdadero sentido de la navidad nos hizo trabajar con más fuerzas.

Personas de diferentes iglesias, con diferentes doctrinas nos juntamos para levantar el nombre de Jesús en lo más alto.

Pueden revisar fotos del evento por acá.

Pero lo importante es que, unidos tras una misión, sólo importó Jesús, y nuestras doctrinas quedaron fuera de esto.

Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. (Hechos 1:14)

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:1-4)

Al momento de estar unánimes logramos cosas poderosas.

Cuando Jesús resucitó y mandó al Espíritu Santo sobre los discípulos, y estos permanecieron unidos esperando el día de Pentecostés, fue ahí cuando comenzaron a suceder cosas grandes y sorprendentes las cuales nunca antes habían experimentado.

Nosotros, si nos unimos y permanecemos así,”unánimes”, podemos ser los discípulos de este tiempo. Podemos lograr ver y hacer cosas poderosas, las cuales hemos esperado y pedido por mucho tiempo. Pero lo principal es comenzar por nosotros mismos. Debemos doblar nuestras rodillas y entregar nuestro corazón, nuestra vida. Es decir, comenzar a tener intimidad con Dios. Si no tenemos intimidad, donde realmente logramos conocer al Señor cada vez más, por más unidos que estemos de nada sirve. Debemos apasionarnos por anhelar más del Señor, “por querer y pedir vivir cosas sorprendentes y nunca antes vistas”. Y no quedarnos solo con lo vivido.

Es por eso que debemos ser uno en Cristo, estando en un mismo sentir los unos con los otros.

Unidos en un clamor, veremos el Reino de Dios manifiesto en medio nuestro.

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