
Hablar sobre este tema en los días actuales representa un esfuerzo e incluso un desafío para el cristiano, frente a la manera como la cultura posmoderna ha enfrentado no sólo este tema, sino cualquiera relacionado con la sexualidad.
Durante años, la mayoría de las iglesias cristianas vivenciaron períodos de silencio, tabúes y represión con aquellos que manifestaban confusiones y dificultades en su sexualidad, mas específicamente lo referente a la homosexualidad.
La tradición de barrer con el pecado en medio del pueblo y con el pecador contribuyó al abandono y colapso de muchos.
Nuestra juventud y, por qué no decir, nuestras iglesias, están marcadas por el sufrimiento y crisis en lo relacionado a la homosexualidad:
- Sufrimiento y crisis por parte de aquellos que experimentan el conflicto (muchas veces diario y desesperante) de la presencia de sentimientos homosexuales en sus corazones, y de los fantasmas de una incomprensión y rechazo preconcebido por el medio social en el que viven.
- Sufrimiento y crisis por parte de las familias que no comprenden muchas veces cómo sus hijos, que fueron criados por toda una vida en la iglesia, pudieron escoger ser homosexuales.
- Sufrimiento y crisis por parte de los líderes que inventan fórmulas y jergas espirituales para resolver rápido el problema y liberar a la iglesia de semejante abominación en su medio, cerrando los ojos y corazones hacia el dolor del prójimo.
- Sufrimiento y crisis por parte de los que ya perdieron la esperanza e infelizmente abandonaron la fe; muchos de ellos, para nuestra tristeza, se transformaron en enemigos de la cruz.
Cada día los medios escritos o audiovisuales, respaldados por la ciencia, producen y reproducen discursos sobre naturalismo y ausencia de posibilidades de escuelas para los homosexuales, sepultando vestigios de esperanza con relación a los que quieren recibir ayuda para abandonar la práctica homosexual y ser victoriosos contra sus tentaciones.
Parece que ya estamos viviendo el tiempo en que las personas no están soportando la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír se amontonan maestros conforme a sus propias pasiones… (2ª Timoteo 4:3)
En medio de toda esta problemática, urge que la iglesia se levante con voz profética y proclame sin temor el evangelio de Cristo, pues sólo este evangelio es capaz de libertar al pegador del poder del pecado y restaurar la esperanza a todo aquel que cree.
Existe esperanza para ti, que estás asustado y confuso, en medio del bombardeo de sentimientos y deseos homosexuales, quien sabe de incluso práctica secreta de pecados.
No podemos dejar de afirmar: ¡La práctica de la homosexualidad es pecado! No es el “patito feo” de los pecados, pero es un pecado que, cualquier otro, debe ser reconocido, confesado y abandonado (1ª Corintios 6:9-11)
El reconocer esta verdad puede traer al pecador la verdadera libertad del poder de este pecado (Juan 8:36), para que así pueda, con los ojos fijos en Jesús, ingresar o retornar a su proceso diario de santificación, rumbo al cielo, donde finalmente logrará la perfección, mediante el recibimiento de un cuerpo glorificado, nunca más sujeto a las tentaciones de la carne.
La iglesia necesita estar atenta a la realidad que la dinámica de este proceso envuelve, al tiempo en que Dios actúa en la vida de sus miembros o visitantes, para no atropellar la obra del Espíritu Santo. Es simplemente no ser piedra de tropiezo en la vida de muchos, los “fuera de la gracia”.
Igualmente, las familias necesitan transformarse en aliadas y no rivales de aquellos que sufren con sentimientos y deseos homosexuales, caminando juntos y siendo humildes para revisar sus estructuras, dinámicas y relaciones, abandonando la culpa o la indiferencia y enfrentando el problema de frente.
Es necesario el esfuerzo y empeño del pueblo de Dios para cultivar espacios éticos de acogimiento y escucha, con reflexión de la palabra de Dios y oraciones, para que corazones puedan abrirse y así poder curar heridas pasadas y no tratadas, dejando de ser espectadores para el florecimiento de sentimientos y deseos homosexuales.
Urge que la visión de Dios sea multiplicada para que los frutos de los niños no continúen siendo cosechados por la tragedia de abusos sexuales, por los abusos emocionales (los malditos estigmas) o por el problema de las familias disfuncionales.
Proclamo, por medio de este artículo, que existe esperanza, vida y felicidad por sobre la homosexualidad y que, si has sido objeto de tentaciones y confusiones respecto de este tema, puedas “salir del clóset”, pero ANTE LA PRESENCIA DE DIOS.
Razga tu corazón delante del Padre (Proverbios 28:13) y busca ayuda en oración, con alguien de confianza que te pueda acompañar en tu proceso diario de crecimiento en el Señor Jesús, y lucha contra las tentaciones. (Santiago 5:16; 1ª Corintios 10:13)
Termino citando un último versículo bíblico: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él” (Juan 14:21)
Joven: Aún teniendo algún tipo de sufrimiento inicial, ejercita la obediencia por amor a Dios. La obediencia no nos trata, pero nos pone en posición para ser tratados por Dios. Escoje obedecer.
Escrito por: Débora Fonseca e Cunha - Ministerio Luz da Noite
Traducido por: Jano Molina Torres - Ministerio Underfaith Chile
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