
Hace bastante tiempo que no actualizaba el blog y eso está malo, malo, malo. No hay excusas o, como se dice normalmente, agravarían la falta. Y no crean que no estaba pendiente de este ciberespacio, porque ya una amiga (Kari Sandvig) ya me había llamado la atención, pero otros menesteres me tenían distraído.
Sea como sea, acá estoy, escribiendo.
Y esta entrada tiene una mezcla de ministerial/personal porque, después de mi ordenamiento como misionero urbano, se reactivó en mí el lado "misionero" (valga la redundancia) de mi vida y todo lo que tenga relación con la salvación de las almas, me interesa, incumbe y motiva a seguir.
En el blog de Evandro Sudré "Misiones Urbanas" encontré un artículo que había leído hace un tiempo y lo traduje para compartirlo, sumando algunos otros puntos que encontré en otra web.
El artículo se llama "Cómo matar a un misionero"
He aquí algunas maneras prácticas para matar a un misionero:
– Comienza dejando de orar por él.
– En la iglesia, junto con sembrar chismes y hablar mal del misionero, las personas se preocuparán más de vanalidades que de la obra misionera que debe realizar.
– Si eres pastor, jamás prediques sobre misiones. A final de cuenta, ese no es tu "llamado" ni tu responsabilidad.
– Ten muchas ganas de escribir, pero no lo hagas. Al final tú sabes que "no tenías tiempo"
– Si llegases a tener la tentación de escribir a un misionero, escríbele, pero siempre pidiendo rendir cuentas, como por ejemplo "¿cuántas almas has ganado?"
– Nunca demuestres tu amor por el misionero.
– Nunca envíes un mensaje de ánimo. A fin de cuentas un misionero es una persona "súper creyente" y, por lo tanto, no necesita de esas cosas.
– Este pensamiento es regla: Todo misionero necesita pasar necesidad junto a su familia para poder realmente tener una experiencia de fe genuina. Por lo anterior, nunca contribuyas financieramente con un misionero. Ellos saben que no tener dinero es parte de lo que "Dios quiere"
Como misionero, quisiera que cada una de estas palabras no se tomara en serio... por eso, en mis tiempos de oración pido a Dios que bendiga a cada una de las personas que se dan el tiempo de animarnos como familia y de bendecirnos económicamente. Este es un trabajo duro pero estamos felices de poder hacerlo nosotros.
Que Dios les bendiga mucho a todos los lectores de este blog.
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