martes, 2 de marzo de 2010

De las tinieblas a la luz...


Los saqueos me han hecho sentir vergüenza.
Pensé que vivía en un país de gente civilizada. Pensé que Chile, una vez más, daría clases de solidaridad al mundo, como lo ha hecho frente a otras catástrofes naturales, pero me equivoqué con algunos palurdos e insensatos.
Y es que ver imágenes que parecieran sacadas de un país en medio de una guerra civil, ver cómo las personas robaban televisores LCD, lavadoras, sillas para escritorio, computadores, celulares, acusando necesidad, acusando hambre, acusando desabastecimiento a sólo 48 horas de un cataclismo (sí, hubo cambios geológicos importantes) me parece, por decir lo menos, un acto de barbarie digna de los piratas más despiadados o de los vikingos más bestiales que jamás hayan existido.
Si bien es cierto, el terremoto vivido en Chile ocurrió a fin de mes, cuando a muchos de los trabajadores y trabajadoras de Chile aún no les pagan sus remuneraciones mensuales o quincenales; eso, tal vez, tenga en merma la despensa familiar, pero hasta donde sé, un televisor plasma o LCD no sirve para alimentarse.
Es evidente que esta catástrofe natural, como todas las otras que ha vivido el mundo, trae consigo una serie de enfermedades y epidemias que, en este caso, son sociales y no referentes a la salud de las personas. Es una epidemia terrible y es lamentable.
¿En qué minuto hemos engendrado una sociedad de hienas?, ¿en qué minuto dejamos de abrazar los valores esenciales?, ¿dónde están esos principios que nos representaron como país?, ¿cuándo fue que accedimos a validar la forma en como nos ven en Europa o Estados Unidos, a saber, como una manga de ladrones?
Leo los periódicos y concuerdo con el Alcalde de Hualpén: "Están como endemoniados... nada los detiene". Y es que tiene sentido ver que la gente reacciona así. Al fin y al cabo vivimos en un mundo que está lejos del corazón de Dios. El resultado, entonces, es el caos generalizado por el maldito individualismo y flojera de las personas. Porque eso de andar robando cosas que no son vitales, es querer tener, a toda costa, lo que nunca podré tener vía trabajo y/o esfuerzo, simplemente porque "no quiero trabajar".
Estamos tan ensimismados en tener y tener más cosas que el otro, tan presionados a abarcar cosas materiales, que pienso que situaciones como esta nos piden a gritos el aprender a vivir con lo necesario. Y es que el individualismo generado por la bataclana postmodernidad nos ha lobotomizado frente a nuestro actuar hacia los demás pensando primero en "yo", segundo en "yo" y tercero en "yo".
No digo que son todos o que es generalizado, pero es más común escuchar hablar de la lucha por defender los derechos humanos, pero muy poco se habla de los deberes humanos.
Y los deberes humanos son los que debemos promover como cuerpo de Cristo.
Marcos 12:31 nos recuerda "Ama a tu prójimo como a ti mismo", promoviéndolo como uno de los dos grandes mandamientos. Al fin y al cabo, los deberes humanos tienen que ver con los preceptos fundamentales de una cosmovisión bíblica: "Hacer justicia, amar misericordia y humillarnos ante Dios"... o sea, entreganos como sacrificio vivo ante Dios, buscando que, por medio de nuestro testimonio, muchos crean que Él es el Salvador.
¿Cuál es la necesidad real, contextualizada, de las personas en la zona más afectada por el terremoto? ¿Crees que las personas piensan en este momento creer en Dios? Creo que no. Creo que la necesidad es recosntruír sus casas, sus recuerdos, comer, abrigarse, sentirse seguros. Ayer escuchaba a un hombre adulto; creo que unos 70 años. Él decía: "Recuperé sólo 2 puertas de mi casa, lo que me da las fuerzas suficientes para poder salir adelante nuevamente" ¿Se imaginan el amor de Dios reflejado por ustedes hacia ese hombre si le ayudásemos a reconstruír su casa? ¿Imaginan el testimonio de hijos de Dios que podemos dar con ello? Eso es tener misericordia. Cuando Jesús estaba en las bodas de Caná, entendió que la necesidad era seguir celebrando. Y usó ese milagro para dar testimonio de Su Padre que está en los cielos, el cual es también MI PADRE.
Usemos los milagros que Dios nos puede permitir hacer para dar testimonio en medio de la dificultad. Él morando en nosotros se reflejará en TODO lo que hagamos, si lo hacemos como para él. De esta manera, damos testimonio y el Espíritu Santo obra en la vida de los demás.
Bendigo a todo hijo de Dios que ha partido a la zona afectada. Que den testimonio de Dios en cada piedra que muevan, en cada martillazo que den, en cada tabla que levante, en cada abrazo que den, en cada taza de café que sirvan.
Hermanos, amigos... somos un pueblo adquirido a precio de sangre, una nación santa, pero SÓLO PARA ANUNCIAR LAS VIRTUDES DE AQUEL QUE NOS LLAMÓ DE TINIEBLAS A LUZ. Nada más. Somos "el pueblo especial" no para dar gritos de júbilo en medio de los hermanos, sino que hemos sido escogidos para "traer esperanza y, por medio de nuestro testimonio, las buenas nuevas de salvación"
La gente tiene miedo. La gente tiene hambre. La única forma de detener el avance del mal, el avance de todos esos desalmados que están sembrando el terror es haciendo el bien y, sobre todo, en el amor perfecto de nuestro Señor Jesucristo, porque "el amor echa fuera el temor"
Es hora de actuar.

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