miércoles 9 de febrero de 2011

"Ustedes son la luz y la sal del mundo"

Leer Mateo 5.13-16

¿Cuáles son los desafíos con los cuales convive la iglesia? Tengo una lista de al menos 10 desafíos actuales:

1. La tiranía del mercado.

2. La ilusión del marketing.

3. La falencia de las instituciones.

4. La matriz del neoliberalismo (individualismo).

5. Las crisis ideológica, social, económica y de fe.

6. El relativismo moral.

7. El institucionalismo religioso.

8. El desarrollo científico y tecnológico.

9. El vacío del significado.

La relevancia de la iglesia en este mundo implica necesariamente la construcción de comunidades. Esto no es tan obvio porque la iglesia actualmente vive entre tres paradigmas funcionales: carismático, corporativo y comunitario; de los tres, el comunitario es el menos favorecido y el menos atendido.

1. PARADIGMA CARISMÁTICO

El énfasis en la manipulación de los poderes espirituales visando la solución de problemas y un fácil acceso al bienestar.

El errado concepto de batalla espiritual, que incluye aberraciones pseudo macumberas como quiebra de maldiciones, descargas en mantos sagrados, oraciones de renuncias, aceites del monte de los olivos, reparto de unción en masa, oración por el alineamiento de planetas, hoguera santa, unción de la risa, unción de adelgazamiento, unción de la borrachera santa, etcétera. Infelizmente, la lista aumenta día a día.

Este tipo de expresiones ritualistas evidencian que pocos están dispuestos a caminar en la peregrinación del discipulado, prefiriendo intervenciones instantáneas (que generalmente “demanda” o “exige” cierto apóstol, obispo o patriarca -¿quién es el hombre para que tengas de él memoria?), resolviendo problemas como en un acto de magia, bajo la “bendición” de algún gurú o la ministración de quizás qué espíritu, supuestamente del Espíritu Santo.

No digo que el Espíritu Santo no se mueva. Creo en ello. No le creo a ciertos iluminados que nada tienen de los frutos del espíritu. No veo el amor en ellos, sino que veo puro amor propio; no veo alegría, sino es de la mano del dinero; no veo paz, sino sólo para ellos mismos y gracias a los ceros a la derecha en sus cuentas corrientes; no veo paciencia, sino que exigen instantaneidad en lo que desean (¡por favor!, quién puede venir a exigir cosas a Dios cuando Su Palabra dice que sólo una vez y nunca antes ni después Dios ha obedecido a la voz de un hombre [Josué 10:14]); no veo amabilidad, salvo para pedir dinero a los incautos; no veo bondad, porque no hay interés en despojarse de sus riquezas para alimentar a los pobres (y se llenan la boca hablando en contra de la iglesia católica y sus injusticias sociales); no veo fidelidad, sino a sus riquezas; no veo humildad, sino que veo aviones privados, limusinas, exigencias de hoteles 5 estrellas; no veo dominio propio, sino que se atreven a maldecir a quienes pongan en duda estas prácticas anti bíblicas (ver el siguiente video: http://www.youtube.com/watch?v=oO64Eb0OlDI [La Biblia nos llama a bendecir a los que nos maldicen]).

Yo no soy mejor que ellos. También cometo pecado delante de Dios. Mi ruego constante a mi Señor es que me libre de ser un apóstata.

2. PARADIGMA CORPORATIVO

El énfasis está en la utilización de herramientas y recursos de la administración moderna. Hay modelos donde se debe cumplir con metas de convertidos, confirmados, discipulados y enviados. Si no se cumplen estas metas, hay sanciones del tipo “quedar fuera de la unción y de la cobertura de tal o cual apóstol”. Finalmente vamos teniendo liderazgos cada vez menos espirituales y más moldeados en los parámetros empresariales. No podemos pretender asignar metas cuantificables a un trabajo que no nos pertenece, porque bíblicamente quien convence de pecado, justicia y juicio es el Espíritu Santo y no los hombres.

Ojo. No estoy en contra del uso de herramientas. Creo que son útiles, pero necesitamos entender cuál es el lugar de ellas en nuestra congregación. No puede ser posible que cierta visión o herramienta sea más importante que Dios mismo. No podemos aceptar que un modelo y su creador sean más importantes que nuestro Dios trino.

3. PARADIGMA COMUNITÁRIO

El hecho es que sólo haciendo comunidad, la iglesia puede hacer frente a los desafíos contemporáneos.

Es en la vida en comunión con sus relaciones de confianza entre personas que podremos vencer la tiranía del mercado y construir una realidad más allá de la ilusión del marketing. Donde el evangelio deje de ser tratado como un producto, sino como la justicia y el amor de Dios que se acerca a la humanidad.

Es en la vida en comunión que superamos la falencia de las instituciones. Tanto por los lazos afectivos que se van formando, tanto por la acción solidaria que ofrece esta comunidad, se ofrece así un apoyo ante un estado generalizado de fallas y corrupción.

Es en la vida en comunión que desenmascaramos el institucionalismo religioso, valorando de verdad a las personas por sobre los calendarios, programas, proyectos y cumplimiento de números o de objetivos mercantiles.

Es en la vida en comunión que somos constantemente desafiados a salir de nuestras zonas de confort individualista y colocarnos en la brecha por los perdidos. Y esto porque la comunión sucede en lo colectivo y no en lo individual, donde aprendemos a valorar la importancia de las necesidades del otro.

Es en la vida en comunión que el Reino de Dios gana cuerpo, gracias a que la justicia que debería predicar su pueblo y la fraternidad entre ellos son usadas por Dios como un acto profético ante las crisis como la económica o la social. Juntos denunciamos, juntos luchamos por la justicia y la misericordia, siempre humillados ante Dios.

Es en la vida en comunidad que se construye una red de servicio por medio de la cual los pobres son suplidos en sus carencias, los ricos encuentran el camino correcto de que sus donaciones lleguen a su verdadero destino, sin intermediarios que sacan provecho de esto.

Es en la vida en comunión en que la fe es alimentada, ya sea por el aliento mutuo, ya sea por la posibilidad que tiene el débil de sentir apoyo, el desanimado recibe consuelo, los que tienen preguntas encuentran respuestas y, algo muy importante, los que han caído encuentran restauración y nuevas oportunidades.

Es en la vida en comunión que hacemos frente al espiritualismo esotérico y al misticismo desencarnado, logrando construir verdaderos puentes entre el cielo y la tierra, una vez que el contacto con Dios ha de ser antes y después de todo un contacto con el prójimo y con el hermano.

Es en la vida en comunión que podemos hacer lo que Jesús hizo. Porque donde hay dos o tres reunidos, ahí está el Señor. No en soledad. Porque donde dos o tres se ponen de acuerdo en algo, ahí nuestro Señor inclina su oído. Es en la vida en comunión.

Imagino mi iglesia, no como una alternativa para la sociedad, sino como una verdadera sociedad alternativa que impacte a tal punto que los demás quieran ser parte de la iglesia… del cuerpo de Cristo.

“Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común… y disfrutaban de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos” (Hch 2:44-47)

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