
El desafío de las ciudades.
(Capítulo 14 del libro "Vayan y hagan discípulos" de Roger Greenway)Durante el siglo XX el planeta se urbanizó. A comienzos de siglo, sólo el 13% de la población del mundo vivía en la ciudad. Al pasar al nuevo siglo, el porcentaje constituye la mitad de la población.
Esta migración de más de un billón de personas hacia las ciudades durante las dos últimas décadas es el desplazamiento poblacional más grande de la historia. Este patrón de crecimiento urbano se refuerza por la mayor tasa de crecimiento biológico, que resulta del número de nacimientos sobre el número de muertes. Las ciudades son los centros reconocidos del poder político, actividad económica, comunicaciones, investigación científica, instrucción académica e influencia moral y religiosa. Lo que ocurre en las ciudades afecta a las naciones enteras. El mundo marcha en la dirección en la que marchan las ciudades.
A causa de su tamaño, su influencia y sus necesidades, las ciudades son el desafío más grande para las misiones cristianas. El número de personas que adora y sirve a Dios aumentará enormemente cuando las misiones cristianas promuevan el reino de Cristo en las ciudades.
Las megaciudades del futuro
En 1950 sólo dos ciudades, Nueva York y Londres, tenían más de ocho millones de habitantes. Pero ahora el nuevo siglo comienza con 22 ciudades que superan esa cifra. Hacia el 2015 se estima que habrá 33 y que 19 estarán en Asia.
Tenga presente que cada una de esas personas es un ser humano creado a imagen de Dios. Cada una de ellas tiene necesidades, y por sobre todo, cada una de ellas necesita oír el mensaje de salvación de Jesucristo. ¡Qué tremendo desafío misionero nos aguarda en las ciudades!
Causas de la migración del campo a la ciudad
Una de las causas que subyacen al desplazamiento de la gente hacia las ciudades es el incremento de la población en todo el mundo. En términos generales, las personas viven más y las medicinas ayudan a mantener con vida a personas que, años atrás, hubieran muerto. Con el incremento de la población crece también la necesidad de más puestos de trabajo. Esto obliga a millones de personas a dejar sus hogares en el campo y moverse hacia la ciudad en busca de empleo.
Hay también otros factores. Las grandes ciudades ofrecen oportunidades educacionales que no están disponibles en las ciudades y aldeas pequeñas. Los centros urbanos ofrecen hospitales y centros de salud para personas que necesitan cuidados médicos especiales. La gente joven, especialmente, se siente atraída hacia las ciudades por el entretenimiento y los estímulos que ofrece, y por las nuevas oportunidades que implica. A menudo vienen a las ciudades soñando con las riquezas de una vida mejor, sólo para descubrir que sus sueños quedan destruidos por las duras realidades de la vida urbana.
La pobreza y el sufrimiento en las urbes
Algunos de los peores sufrimientos son los que padecen las personas recién llegadas a las ciudades. Los campesinos rara vez están preparados para las dificultades que encuentran allí. No tienen las habilidades ni el entrenamiento requeridos para los puestos de trabajo disponibles. No tienen dinero para comprar una vivienda ni para pagar alquileres elevados. Se ven obligados a vivir en emplazamientos marginales, en viviendas precarias hechas de trozos de madera, lata o cartón, por lo general en la periferia de la ciudad.
En las primeras etapas de radicación, las comunidades que se instalan en estos sitios carecen de agua, cloacas, electricidad y trazado de calles. Los residentes corren el riesgo de que se los expulse y pierdan repentinamente sus viviendas porque la tierra no les pertenece. Los que son suficientemente afortunados como para encontrar trabajo, pasan largas horas caminando o viajando en transporte público, y terminan exhaustos el día. La vida familiar sufre porque tanto los adultos como los hijos trabajan con mucho esfuerzo los siete días de la semana en cualquier trabajo que puedan encontrar.
La vida de los pobres es muy dura en las ciudades. A menudo son víctimas de delitos y de injusticias. Pese a ello, grandes cantidades de personas siguen llegando desde los pueblos. Parecen ser atraídos hacia las ciudades por un imán invisible. Tienen grandes esperanzas y sueños para el futuro, a pesar de la pobreza y del sufrimiento que experimentan en el momento. Creen firmemente que si no les toca a ellos mismos, por lo menos sus hijos disfrutarán de una vida mejor en la ciudad.
La apertura al evangelio
Las personas que se han reubicado recientemente y que están experimentando cambios fundamentales en su vida, por lo general están más abiertas al evangelio. Esta ha sido mi experiencia con la gente recién llegada a las ciudades.
Las personas que son nuevas en una ciudad están abiertas a nuevos conceptos, incluyendo ideas acerca de Dios y de la religión. A pesar del desarraigo y el deterioro que sufren muchos de ellos, Dios es soberano y les abre oportunidades para conocerlo que antes no habían tenido. Nuestra responsabilidad es hacer uso de estas oportunidades para poner en práctica el mandato misionero de Cristo y llevarles las buenas noticias del evangelio.
Durante el tiempo que pasé en Ciudad de México trabajé con estudiantes en la evangelización y el establecimiento de iglesias en las comunidades marginales y en otras áreas de bajo nivel económico. Ya antes habíamos intentado evangelizar otras secciones de la población urbana. Sin embargo, comprobamos que la mayor apertura al evangelio estaba entre las personas que habían llegado a la ciudad en los últimos diez años.
Comenzamos decenas de "células" y de iglesias en las casas, usando el método más sencillo y menos costoso: ir de puerta en puerta, testificando personalmente a la familia en su casa, orando por los enfermos e iniciando grupos de estudio bíblico. Muchos de estos grupos llegaron a ser congregaciones firmemente establecidas. Esto me llevó a pensar que la migración masiva en las ciudades en todo el mundo podría ser, en la providencia de Dios, una llave hacia la evangelización mundial. Por medio del crecimiento de las ciudades, Dios está llevando a personas de toda raza, tribu y lengua a lugares donde pueden ser alcanzadas por el evangelio.
Consideraciones en la práctica de la misión urbana
1. La pobreza: Entre el 30% y el 50% de la población en muchas ciudades es pobre; a menudo, desesperadamente pobre. En la mayoría de los casos, la misión urbana requiere que los ministros apliquen una estrategia amplia que proclame el evangelio del amor salvador de Dios y demuestre ese evangelio de manera práctica. Una cuestión muy concreta que enfrentan a diario los misioneros en las ciudades son los problemas sociales y las diferencias económicas.
2. Diversidad racial, étnica y cultural: En la mayoría de los países, la población de las ciudades está constituída por personas de trasfondos muy diversos. Representan diferentes tribus, castas, razas y clases sociales, y hablan distintos idiomas. Inevitablemente, esto afecta la estrategia de la misión y el desarrollo de la iglesia.
3. Pluralismo religioso: La mayoría de las personas sigue una sola religión mientras vive en la aldea. La gente de la ciudad, en cambio, se adhiere a una diversidad de creencias y prácticas religiosas. Los misioneros urbanos tal vez enfoquen su atención a un grupo, pero deben estar preparados para testificar también a otros. Además deben estar preparados para responder tanto a aquellas personas que rechazan toda idea religiosa como a aquellas que consideran que todas las religiones son iguales.
4. Actitudes en contra de las ciudades: Tradicionalmente, la mayor parte del trabajo misionero se hacía en áreas rurales. Esto tenía sentido en épocas pasadas porque la mayoría de las personas vivía en comunidades rurales. Ahora el desafío más grande está en las ciudades, pero allí nos encontramos con escasez de obreros. Muchos misioneros se sienten tan perturbados por el ruido y el tráfico en las ciudades, la contaminación, los problemas sociales, el delito y las condiciones habitacionales que prefieren trabajar en áreas rurales. Por cierto, las aldeas aún no alcanzadas necesitan escuchar el evangelio, pero es preciso dar más atención de la que se da a las masas de personas en las ciudades que todavía no han sido salvadas ni integradas a una iglesia.
5. Costos financieros: Un asunto práctico definitivo en las agencias misioneras es el costo financiero mayor que tiene la misión urbana. La vivienda para los misioneros es más cara en las ciudades. Una parcela de tierra para construir un templo con frecuencia cuesta poco en una aldea, y los creyentes del lugar pueden construir por sí mismos un sitio donde adorar. En las ciudades, en cambio, las propiedades son caras y para construir hay que adecuarse a los códigos urbanísticos, tratar con los gremios, pagar salarios más elevados. Estos y otros factores tientan a los misioneros a evitar las ciudades, a favor de las zonas rurales.
Pasos para encarar las misiones urbanas
Ruego a todos los cristianos que están preocupados por hacer la voluntad de Dios y por alcanzar a las personas para Cristo, a considerar el desafío de las ciudades en crecimiento que hay en todo el mundo. Un desplazamiento tan numeroso de personas debe tener detrás un propósito divino, y requiere nuestra respuesta.
La pregunta no es si preferimos vivir en las ciudades, la pregunta es si iremos allí donde se necesitan obreros y donde Dios quiere que vayamos. Es la misma pregunta que Dios le hizo a Jonás, el profeta. Las ciudades ofrecen oportunidades únicas para alcanzar a grandes números de personas con el evangelio de Jesucristo y extender su reino en la tierra.
Quisiera sugerir algunos pasos para quienes están empezando a darse cuenta de lo que las misiones urbanas pueden lograr -en términos del reino de Dios- y están dispuestos a explorar lo que Dios se propone.
Lo primero y más importante es tu propio desarrollo espiritual. El ministerio en las ciudades requiere que te pongas "toda la armadura de Dios" (Efesios 6.11), no sólo una vez o en forma ocasional, sino a diario. Por lo tanto, amplía tus horizontes espirituales. Procura algo más que tu desarrollo espiritual individual, involúcrate en ministerios relacionados con la iglesia, y en aquellos en los que tengas que pagar un costo personal a fin de contribuir al desarrollo de otros.
En segundo lugar, conviene que te comprometas en alguna clase de obra misionera urbana organizada. Esto te dará experiencia valiosa y pondrá a prueba tus dones para el ministerio. Ofrécete a un pastor, evangelista o misionero urbano como "aprendiz". Observa cuidadosamente cómo usa el Señor a sus obreros. Aprende todo lo que puedas acerca de cómo presentar el evangelio a diferentes grupos de personas y cómo responder a sus diversas necesidades.
Tercero, lee libros y periódicos que se ocupen de la labor misionera en las ciudades y aprende todo lo que puedas sobre diferentes modelos de ministerio urbano. Si puedes, toma un curso sobre ministerio en las ciudades, en alguna escuela o seminario bíblico; algunas instituciones ofrecen programas especiales sobre misión urbana.
Cuarto, investiga una ciudad en particular. Comienza estudiando un mapa de la ciudad e identificando sus diferentes secciones: áreas comerciales, zonas industriales, barrios residenciales entre otros. Observa más de cerca las áreas donde está creciendo la población y la clase de personas y de culturas que se encuentran allí. Luego elige un vecindario concreto y estudia a su gente: su religión, su cultura, su idioma y su condición social. Investiga sobre sus necesidades espirituales, sociales y materiales. Averigua si hay iglesias activas orientadas hacia los grupos que hablan idiomas distintos. Piensa en las formas en que sería posible extender el reino de Dios en ese vecindario en particular.
Siguiendo estos pasos, aprenderás cómo llegar a ser misionero efectivo y promover el reino de Cristo en el sitio más estratégico en el mundo en este momento: las ciudades.
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